Unos ojos oscuros que miran directamente al espectador, como interrogándolo, pueblan la obra de Henri Matisse. Es la mirada enigmática de la hija mayor del pintor francés, Marguerite, que durante años fue su modelo más fiel y la inspiración para adentrarse en algunos de sus experimentos más audaces.
Matisse en la mirada de su modelo más fiel, su hija Marguerite
