Las elecciones del domingo pasado en Francia fueron inéditas por muchas razones. Fueron distintas a otras tanto por sus implicaciones políticas como por la precisión en las mediciones preelectorales. Para efectos prácticos los dos partidos históricos tradicionales desde el fin de la Segunda Guerra Mundial: los socialistas y los conservadores, desaparecieron. El ganador fue un candidato sin partido, por lo tanto sin miembros en el parlamento para apoyarlo. Éste, al parecer, será un tema de gobernabilidad.
Elecciones en Francia 2017: el fin del "political correctness"
