"Si me caigo, estoy muerto": Nueva hazaña de Wallenda en Chicago

Lo consiguió: el funambulista Nik Wallenda volvió a hacer que el mundo entero contuviera la respiración mientras él completaba dos caminatas por la cuerda floja entre los rascacielos de Chicago.

Etiquetas: 

00077734-original.jpeg

El funambulista Nik Wallenda.

Primero, el equilibrista de 35 años ascendió por un cable hasta el tejado de un rascacielos, desde donde con los ojos cerrados y siguiendo las instrucciones de su padre, cruzó hasta el tejado de otro. En total, 200 metros de altura separaban sus pies del suelo.

"Tuve que controlarme, porque en mi cabeza estaba ya en la segunda caminata", contó. "Tuve que concentrarme mucho para completar la primera caminata. En algún momento me dije: 'Nik, concéntrate y lleva tu trasero ahí arriba'".

Todo estaba preparado al milímetro. El cable de acero, de unos dos centímetros de grosor, estaba tensado con decenas de cuerdas, y un recubrimiento especial hacía imposible que se formara hielo. Wallenda había entrenado durante meses, aunque en la cálida Florida. Pero en Chicago, las temperaturas en la noche del domingo apenas superaban los cero grados.

Además, está el factor viento, pues desde el enorme lago Míchigan llegaban gélidas y repentinas ráfagas. "Me atraía este título de 'ciudad del viento'. Una ciudad con viento es perfecta para un funambulista", declaró Wallenda al término de su hazaña. "Luego leí que el apodo de 'ciudad del viento' se debió a motivos políticos. Qué decepción. ¡Pero un título es un título!"

Wallenda lleva subiéndose a la cuerda floja desde que tiene dos años. En realidad, desde antes, porque su madre siguió haciendo equilibrios hasta los seis meses de embarazo. Hace dos años, el funambulista cruzó las cataratas del Niágara y en 2013, una parte del Gran Cañón.

Pero además, este artista del equilibrio domina también otro arte: el del marketing. No era la primera vez que se completaba una hazaña como la suya, pero nunca se había hecho a tanta altura y con tales condiciones climáticas. Además, todo ello sin seguridad alguna.

Y es que esta vez no había trabilla a sus espaldas como la que tenía en las cataratas del Niágara, y a 200 metros de altura si algo fallaba no tenía opción alguna de sobrevivir. La caída apenas habría durado cinco segundos.

"Qué tal, prensa mundial", saludó tras las caminatas a los periodistas. "Sin ustedes no sería quien soy", añadió dirigiéndose a los reporteros y disfrutando de los flashes tanto como antes había hecho estrechando la mano a la multitud de gente que lo esperaba. Y es que Wallenda es un artista circense y necesita público.

Y eso es algo de familia: "Somos artistas desde hace 200 años, siete generaciones, ocho contando a mis tres hijos. Quince familiares son funambulistas", contó. Lo que no dijo fue que siete Wallenda murieron debido a caídas, entre ellos su bisabuelo Karl. Tenía 73 años cuando en 1978 se cayó intentando cruzar entre dos rascacielos.

"Cuando mi mujer me diga que pare, pararé. ¡De inmediato!", dijo a dpa. Aunque sigue soñando con completar un recorrido de 300 metros por la cuerda floja a 200 metros de altura, como su bisabuelo en 1973. "Pero en el fondo, este tipo de retos son iguales", señaló. "Da lo mismo si el lugar es espectacular o no, si son 100 pies o 10.000 de altura. Si me caigo, estoy muerto." (DPA)