En la última década se ha observado una creciente demanda del trabajo doméstico, tendencia que se ha acentuado con la incorporación masiva de las mujeres a la fuerza laboral, el envejecimiento de las sociedades, la intensificación del trabajo y la frecuente insuficiencia o carencia de pautas de actuación para facilitar la conciliación de la vida familiar con la vida laboral. Los trabajadores domésticos representan hoy en día una amplia cuota de la fuerza de trabajo.
Con base en las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Primer Trimestre de 2011, realizada por el INEGI, en México hay poco más de dos millones de trabajadoras y trabajadores domésticos: 91.2 por ciento son mujeres y 8.8 por ciento hombres.
Esta es una de las actividades más feminizadas del mercado laboral. Del total de mujeres ocupadas en el país 11.4 por ciento son trabajadoras domésticas.
Se trata de mujeres con bajo nivel de instrucción escolar: 9.7 por ciento no asistió a la escuela y 19.9 por ciento no terminó la primaria. Únicamente la tercera parte de ellas terminó la primaria y alrededor de 30 por ciento ingresó a la secundaria.
Las y los trabajadores del hogar suelen tener bajos salarios e insuficiente protección social: 31.7 por ciento de ellos ganan menos de un salario mínimo y 41.8 por ciento recibe ingresos de entre 1 y 2 salarios mínimos; tres cuartas partes de las trabajadoras domésticas no tienen ningún tipo de prestación social, y una de cada cien personas que se dedica al trabajo doméstico cuenta con seguridad social.
Destaca el alto porcentaje de mujeres con jornadas de trabajo de tiempo parcial: 50.7 por ciento de las trabajadoras domésticas laboraron menos de 35 horas a la semana, y sólo 6.9 por ciento tuvo una jornada de 35 a 39 horas.
Se debe reconocer la contribución económica y de beneficio social del trabajo doméstico, remunerado o no, para mantener la fuerza de trabajo. Además, el trabajo doméstico remunerado favorece la incursión laboral femenina de un extenso número de mujeres que al liberarse de las tareas domésticas pueden ingresar con mayor facilidad al mercado de trabajo.
En el ámbito internacional, este tipo de trabajo, ha sido motivo de análisis y estudio por parte de la Organización Internacional del Trabajo, que durante su 100ª Reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, en junio de 2011, adoptó un Convenio y una Recomendación a efecto de mejorar las condiciones laborales de las y los trabajadores domésticos.
La Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) refrenda su compromiso en la tutela de los derechos laborales de los trabajadores domésticos, asimismo promueve los mecanismos de protección que se adecuen a la realidad laboral e instrumenta acciones que permitan a las personas que se dedican a esta actividad su inclusión laboral en condiciones de trabajo decente.
Para ello ha impulsado de manera conjunta con el Instituto Nacional para la Educación de Adultos (INEA) el “Modelo de Intervención para Trabajadores del Hogar”. Además, en coordinación con la Secretaría de Salud, en el marco de la Estrategia para la Reducción de la Mortalidad Materna, se han detectado situaciones de riesgo para las mujeres embarazadas en el ámbito laboral; y se sensibiliza sobre sus derechos laborales a través de talleres y materiales de difusión, por medio de las Delegaciones Federales del Trabajo.
Para que México cuente con trabajo decente es necesario actualizar su marco normativo. De ahí la necesidad impostergable de aprobar la Reforma Laboral para incrementar la competitividad, la productividad y el empleo en el país.