"Simplemente, queremos que uno pueda pensar en Turquía, en Rusia, también en Guantánamo. En todos los lugares donde hay presos políticos", explica a Efe Amélie Niermeyer, la directora escénica de este montaje que se estrena mañana sábado.
Estrenada en 1805 como "Fidelio, o el amor conyugal", la única ópera que compuso Ludwig van Beethoven sufrió un proceso de transformación con una nueva versión al año siguiente y una definitiva, en 1814, que acortó y modificó, en fondo y forma, la original.
ANIVERSARIO DE BEETHOVEN
Con motivo del 250 aniversario del nacimiento de Beethoven (1770-1827), la Ópera de Viena ha querido recuperar ese primer Fidelio, conocido como Leonore, que no sólo no se ha representado nunca aquí, sino que apenas se pone en escena en ningún otro teatro.
Si Beethoven situó la acción original en una prisión en la Sevilla (España) del siglo XVIII, la pieza que ahora se estrena ocurre en un lugar indefinido y un tiempo que puede ser muy actual.
Una prisión gris, fría y de una funcionalidad casi industrial es el decorado principal de esta adaptación del Fidelio, en la que su protagonista, Leonore, se infiltra vestida de hombre para tratar de rescatar a su esposo Florestan, un disidente político en un país no identificado.
CUIDAR LA DEMOCRACIA
Niermeyer explica que su intención no es situar la acción en ningún sitio concreto, sino en todas partes donde "se reprime la libertad de expresión, donde hay presos políticos encerrados sin juicio".
De hecho, alerta de que situaciones así pueden darse en todas partes y que, por eso, es necesario cuidar de la democracia, también en Europa.
El final de este nuevo montaje es menos optimista que el original, en el que el amor de Leonore triunfa sobre la opresión y Florestan, y el resto de presos, son liberados por la intervención del ministro Don Fernando.
Niermeyer califica de "utopía" ese final y lamenta que el mundo actual no es así.
"Ese debe ser nuestro sueño y nuestro objetivo: que la gente sea igual y libre. Pero aún tenemos que llegar a eso", explica la directora, quien afirma que pocas veces en la historia ha habido tantos presos políticos como hoy en día.
La directora ha añadido otro elemento novedoso, desdoblando a Leonore y creando un nuevo personaje que representa su conciencia.
El objetivo es doble: reforzar a la protagonista y analizar su vida interior, sus miedos y sus motivaciones; y añadir nuevos textos que compensen el mediocre libreto de la versión de 1805, y que fue corregido luego.
UN FIDELIO OLVIDADO
Con ese nuevo montaje, la Ópera de Viena tendrá en cartel, la misma temporada, el Fidelio original y el definitivo, que es el que siempre se ha representado en este teatro, y que sirvió incluso para inaugurarlo tras su reconstrucción en 1955.
De hecho, el primer Fidelio apenas se representa hoy día en ninguna ópera.
"Es realmente una pena", afirma a Efe Tomáš Netopil, que dirigirá el sábado a la orquesta en el estreno.
Aunque el maestro checo reconoce que dramatúrgicamente la versión definitiva es mejor, defiende la grandeza de la partitura original.
"Mi objetivo es presentar el Fidelio original y volver la vista a Mozart, por ejemplo a La Flauta Mágica (1791), porque tiene muchas cosas que hablan de esa época", explica Netopil sobre la recuperación de una obra que él mismo reconoce puede calificarse casi de perdida y olvidada.
Duetos que quedaron eliminados en 1814 o un idioma musical que es totalmente distinto son algunas de las diferencias que menciona el director de orquesta.
"Eso me gusta de esta obra, tiene más color, más carácter. Es genial", valora.
Netopil está de acuerdo en que mientras el último Fidelio es una obra más completa en su contenido y mensaje político y filosófico de defensa de la libertad, musicalmente él prefiere la partitura de 1805.
Sobre el hecho que Beethoven no compusiera más óperas, el maestro explica que es habitual que los cantantes se refieran a la dificultad técnica de interpretar esta obra.
"Creo que Beethoven, personalmente, no se sentía muy satisfecho en este ámbito (de la ópera)", señala.
En este estreno, Leonore es interpretada por la soprano irlandesa Jennifer Davis y por la actriz Katrin Röver. Florestan es el tenor alemán Benjamin Bruns, mientras que al villano Pizarro le da vida el barítono Thomas Johannes Mayer.